Depresión
Desconectas. Del mundo. De la vida. De lo que te hace humana.
Conectas con el miedo. La incertidumbre. La necesidad no resuelta. El ego. La incomprensión.
Pierdes la capacidad de resolver problemas, de afrontar la vida, de decidir por ti misma. De amar, de querer, de conectar con los demás.
Pierdes lo más valioso que es el amor propio.
Aparece lo más oscuro: La vergüenza, la mirada crítica de los demás hacia ti. La vulnerabilidad. La incapacidad de gestionar tus emociones. La autocrítica.
El mundo es un lugar hostil, un lugar donde no te sientes segura.
Tu cama es un lugar cómodo...pero no tanto. Tus pensamientos se superponen sin control y sin definición. Los pensamientos recurrentes están ahí y los momentos de silencio son momentos perfectos para que éstos aparezcan.
Te encuentras en una constante tesitura entre lo que debes hacer, lo que quieres hacer y lo que puedes hacer.
Estás. Pero no estás. Estás presente en cuerpo. Pero no el alma.
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